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martes, 12 de julio de 2011

Memorias de un hijo de padres separados

En vacaciones pasaba quince días con mi papa y quince con mi mama, asi todo el verano.
En lo de mi papa vivíamos en Roldan, semi-campo, por lo que estábamos todo el día cazando sapos, y a la noche nos mandaban a bañar a todos los varones juntos, yo era el mas grande con nueve y los hijos de la esposa de mi papa siete y seis .
Esta vez mientras que me desvestía, note en mi madrastra ponía especial atención a mis movimientos.
Detectó que me sacaba el calzoncillo con resguardo y que los doblaba sobre el inodoro. Con un gesto con la mano extendida me pidió el calzoncillo, y al desenvolver el calzoncillo, unas palometas se hicieron presentes. Una sobreactuada carcajada, y ridiculización, seguido de varios de los chistes mas básicos y patéticos que incluso a mi corta edad pude identificar.
Serio, abstraído, en mi interior sentí lastima de estos seres, que se reían como un grupo de hienas burlonas de un calzoncillo manchado. También me sentí a salvo, sabía que era cuestión de tiempo que volara y me liberara de esta gente, que nunca alcanzaría, por lo menos en lo que respecta a mí el mas mínimo vuelo intelectual.
Al día siguiente, después de bañarnos buscó privacidad (para no dejar testigos supongo), me vistió con una camiseta mangas largas y arriba una camisa mangas corta. “Pobre” pensé, “mal se viste ella, y mal me viste a mi”, me peino, maternal, como una una hiena que lame a sus cachorros, asquerosa pero que maternal.
Mirándome a los ojos (espejo de por medio) me confeso, que sentía envidia de mi, por que yo tenia un padre que me quería y que sus hijos no, y que a veces yo me portaba mal, que no me merecía el padre que tenia y que sus hijos se lo merecían mas que yo. Así que mal peinado, mal vestido y con un nuevo dato de porque había que bancarse el mal trato, me fui a jugar con los patines de cuatro ruedas de mi hermana y las pequeñas hienas que convivía quince días seguidos en verano.
Que iluso esa noche supuse haberla ablandado. Al otro día tuvimos una discrepancia por un recital de los parchis y me metió un palazo en el brazo que tuvo que ponerme hielo para que no me quedara morado.