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viernes, 2 de diciembre de 2016

Un pacto

Una rama del lobo acompaña al hombre hace dieciocho mil años. Ahora los investigadores que estudian el ADN de cerdos, caballos y otras especies domésticas se preguntan: «¿Cómo es posible la enorme transformación de un animal salvaje en animal doméstico?». La respuesta nos ayudaría a comprender, no sólo cómo domesticamos a los animales, sino cómo lo hicimos con nuestro propio lado salvaje. Suponen que los humanos recolectores adoptaron crías de lobo por la innegable ternura que estas les producían y dieron comienzo así a esta larga carrera. Pero ahora también se preguntan ¿si no habrán sido los lobos quienes se acercaron al hombre? A comer restos o vaya uno a saber por qué razón. Los científicos han tenido dificultades incluso para definir con exactitud el término domesticación. En otras palabras, la domesticación estaría principalmente determinada en todos los animales por genes con atributos específicos, como los que regulan: la audacia, la curiosidad y por sobre todas las cosas la inteligencia. Esto permite que la domesticación tenga dos sentidos, y así amalgamar a las dos especies. Y yo me pregunto ¿En qué momento naturalice este pacto tácito?, como el de un matrimonio. Y digo matrimonio porqué los dos sabíamos que era hasta que la muerte nos separe. Tuvimos suerte los dos. Te viste todos los partidos de los Pumas en el sillón a donde los perros no pueden subir, y siempre diste por hecho que la cuchita era la cama grande, donde dormiste todas las noches y siestas que pudiste. Ahora que no estás físicamente, mi mente atea no me deja verte en ningún lado, te busco en señales del universo, pero la verdad, no te encuentro y estoy deshecho. Quiero vivir muchos años, pero si ahora siento cierta curiosidad por la muerte es por el hecho de que quiero volver a estar con vos. Me quedan las anécdotas, como aquella vez en Costa Rica que le mordiste el dedo a esa nena tonta o la vez que yendo a parque las Heras casi mato a un portero que te tiro un pucho, ya se, debí haberlo hecho como vos sugeriste con tu ladrido frenético. Sin lugar a duda, fuimos el mejor equipo hombre perro que haya existido jamás. Yo fui tu Master-Blaster, y vos el mejor llamador de chicas del planeta lejos. Nada fue un esfuerzo ni una molestia en la convivencia y quiero que sepas que te llevas con vos el honor de ser el único macho al que ame.