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lunes, 18 de julio de 2011

ANGEL GONZÁLEZ

Cuando estoy en Madrid,
las cucarachas de mi casa protestan porque leo por las noches.
La luz no las anima a salir de sus escondrijos,
y pierden de ese modo la oportunidad de pasearse por mi dormitorio,
lugar hacia el que
—por oscuras razones—,
se sienten irresistiblemente atraídas.
Ahora hablan de presentar un escrito de queja al presidente de la república,
y yo me pregunto:
¿en qué país se creerán que viven?;
estas cucarachas no leen los periódicos.

Lo que a ellas les gusta que yo me emborrache
y baile tangos hasta la madrugada,
para así practicar sin riesgo alguno
su merodeo incesante y sin sentido, a ciegas
por las anchas baldosas de mi alcoba.

A veces las complazco,
no porque tenga en cuenta sus deseos,
sino porque me siento irresistiblemente atraído,
por oscuras razones,
hacia ciertos lugares muy mal iluminados
en los que me demoro sin plan preconcebido
hasta que el sol naciente anuncia un nuevo día.

Ya de regreso en casa,
cuando me cruzo por el pasillo con sus pequeños cuerpos que se evaden
con torpeza y con miedo
hacia las grietas sombrías donde moran,
les deseo buenas noches a destiempo
—pero de corazón, sinceramente—,
reconociendo en mí su incertidumbre,
su inoportunidad,
su fotofobia,
y otras muchas tendencias y actitudes
que —lamento decirlo—
hablan poco a favor de esos ortópteros

miércoles, 13 de julio de 2011

Viernes otra vez

Mi abuela tenia video, en rosario a mis 12 años no era algo tan común, así que todos los viernes después del colegio me alquilaba una peli en el video que estaba debajo de mi casa y me iba para allá con la excusa de visitarla .Mi abuela vivía con mi tía, mi tío y mis tres primos.
Entonces los viernes caía a la tarde, a una casa que tenia espacios reducidos.
Mi abuela se asombraba de mi capacidad para mirar televisión (también tenia cable).
Todos intentaban continuar su vida normal conmigo por ahí. A veces bañábamos a la perra, por momentos quedaba un poco en el medio de los muebles y de los quehaceres de cada uno, y como yo parecía no interpretar me mandaban a comprar algo.
Una tarde agarre la bicicross de mi primo (bastante más chico que yo en tamaño) para ir a comprar pan. En realidad creo que me mandaron a comprar el pan y puse la condición de ir en la bici, casualmente nueva y flamante.
Durante las cuatro cuadras de ida, las willis y el viento en la cara me hicieron tomar una seguridad algo peligrosa. A la vuelta, la bolsa y las ojotas se pusieron de acuerdo para hacerme perder el equilibrio y en uno de los saltos me enganche el dedo gordo vaya a saber con que mierda.
De la uña para abajo, me había arrancado toda la piel, como si me hubiera sacado un capuchón, brotaba sangre, de la cual creo haber dejado rastro.
Cuando llegue, antes de entrar limpie el pedal, no por miedo al reto sino porque pensé “ya que soy un boludo, no le puedo dejar manchada la bici nueva a mi primo”.
La recepción no fue agradable, mi tía ya a esa altura tenía las pelotas llenas y encima yo caía con un dedo casi arrancado. Casi me mata, bah, en realidad debe haber pegado un grito; yo creo que me puse a llorar.
Me llevo a la bañera donde me curo y me vendo.Luego vino mi tío, cenamos y vimos la película que había alquilado, un tanto subida de tono, creo que decían unas obscenidades.
Esa noche mirando la tele del living, acostado en el catre que me armaba mí abuela para dormir, empecé a sentir un ruido en la puerta que daba a la calle, una puerta que tenía dos cuadrados grandes de vidrio esmerilado con rejas, uno arriba y otro abajo.
Un ruido, que al mirar a través del vidrio se transformo en una persona en cuclillas tratando de abrir el ventanujo de abajo.
La reputa madre que los parió, quieren robar… el miedo me inmovilizaba, pero rengueando me fui hasta la habitación de mi tía.
Antes de llamar cobardemente supuse que luego de esto mi familia paterna me solicitaría amablemente que por favor dejara de frecuentarla.
En voz muy baja empecé- Tía… tía… por suerte no estaban durmiendo todavía – ¿que pasa? – me dijo riéndose vaya uno a saber de que -veni que hay alguien en la puerta tratando de abrirla…-. Mi tío ni se levanto y mi tía riéndose mas fuerte (por suerte), vino a ver que pasaba, mas por curiosidad que otra cosa.
Cuando llegamos a la puerta el intruso seguía ahí forcejeando con algo en la base de la puerta, mi tía se acerco y cuando estuvo bien cerca abrió la ventana de golpe.
Yo no salía de mi asombro por dos cosas, su valentía y mi cobardía. Con el ventanujo abierto totalmente, y yo atrás de ella a un metro a punto de salir corriendo, vimos a una amiga de mi prima que del susto también había quedado sentada de culo en el suelo, con una nota en la mano que hacia quince minutos que estaba tratando de meter por debajo de la puerta.
Pasaba con sus padres en el auto y había insistido en dejar una nota su mejor amiga aduciendo cosas escolares.
Recibimos la carta, y la leímos, era una suerte de nota de una preadolescente a otra con un chisme de un compañero del colegio. Le contaba que el facha había ido con un arito al colegio y la maestra se lo había hecho sacar, para descubrir que era un ganchito de metal de esos que se usaban para agarrar las medias. Fin de la importantísima nota.
Desde el living se escuchaban los ronquidos de mi tío, y mientras mi tía se iba a acostar todavía riendo, me dijo “apaga la tele y dormí”.
En la oscuridad pensé en espaciar mis visitas a bien de no ser odiado por toda la familia paterna, con mi papa en el exterior estar ahí me hacia sentir en contacto con el.
Como el viernes siguiente cumplía trece años, no cumplí mi promesa y me fuí hacia la casa no con una, sino con dos películas. Me esperaba un regalo de cumple años que mi abuela me había comprado asesorada por mi tía, un par de zapatillas Nike.
Esa tarde salí a correr.

martes, 12 de julio de 2011

Memorias de un hijo de padres separados

En vacaciones pasaba quince días con mi papa y quince con mi mama, asi todo el verano.
En lo de mi papa vivíamos en Roldan, semi-campo, por lo que estábamos todo el día cazando sapos, y a la noche nos mandaban a bañar a todos los varones juntos, yo era el mas grande con nueve y los hijos de la esposa de mi papa siete y seis .
Esta vez mientras que me desvestía, note en mi madrastra ponía especial atención a mis movimientos.
Detectó que me sacaba el calzoncillo con resguardo y que los doblaba sobre el inodoro. Con un gesto con la mano extendida me pidió el calzoncillo, y al desenvolver el calzoncillo, unas palometas se hicieron presentes. Una sobreactuada carcajada, y ridiculización, seguido de varios de los chistes mas básicos y patéticos que incluso a mi corta edad pude identificar.
Serio, abstraído, en mi interior sentí lastima de estos seres, que se reían como un grupo de hienas burlonas de un calzoncillo manchado. También me sentí a salvo, sabía que era cuestión de tiempo que volara y me liberara de esta gente, que nunca alcanzaría, por lo menos en lo que respecta a mí el mas mínimo vuelo intelectual.
Al día siguiente, después de bañarnos buscó privacidad (para no dejar testigos supongo), me vistió con una camiseta mangas largas y arriba una camisa mangas corta. “Pobre” pensé, “mal se viste ella, y mal me viste a mi”, me peino, maternal, como una una hiena que lame a sus cachorros, asquerosa pero que maternal.
Mirándome a los ojos (espejo de por medio) me confeso, que sentía envidia de mi, por que yo tenia un padre que me quería y que sus hijos no, y que a veces yo me portaba mal, que no me merecía el padre que tenia y que sus hijos se lo merecían mas que yo. Así que mal peinado, mal vestido y con un nuevo dato de porque había que bancarse el mal trato, me fui a jugar con los patines de cuatro ruedas de mi hermana y las pequeñas hienas que convivía quince días seguidos en verano.
Que iluso esa noche supuse haberla ablandado. Al otro día tuvimos una discrepancia por un recital de los parchis y me metió un palazo en el brazo que tuvo que ponerme hielo para que no me quedara morado.

lunes, 11 de julio de 2011

Choborra

Después de varias semanas en la cual me recontra cague de frío, un día primaveral, veinte grados.
Una linda tarde para entrenar a fuera, luego de un par de minutos precalentando y haciendo demostraciones de golpes de pie.
Vemos con mi alumna a un habitante de la calle que nos imita, se ríe, hace comentarios”ese golpe es una boludees”.Al rato se cansa y se apoya en una baranda bastante cerca, como no le damos ni cinco de bola, se va a cercando, cada vez mas. La presencia se hace tan física y cercana que no podemos dejar de interrumpir la clase cuando levanta la mano como para ir al baño.
-¿que pasa amigo?- mientras pensaba “por favor que no me de la mano”.
Me miro franco y con ojos sinceros hizo una pausa, que le dio importancia y cierta tensión a la pregunta:
-Como mierda gano Macri-.
Yo me quedo boquiabierto, por el rapto de lucidez mental, que yo nunca le hubiera otorgado (primer error subestimar a las personas).
-Porque gano en todas las comunas.- Me comento asombrado por la elección de los porteños.
-Vos por quien votaste- Le pregunte (segundo error, no me lo saco mas de encima).
-Zamora- dijo cortito -es el único que me representa, ¿y vos?
-No vote, no soy de capital- Mentí.-
-Igual el ABL lo pagas ¿no?-
Yo le miraba la cara fijo para ver si era maquillaje la costra de mugre que tenia pegada en la cara, pero no, eran restos barro, (y cometí el tercer error), -si aumento un trescientos por ciento, en los últimos cuatro años-.
-Supongo que si tenes para pagar un trescientos porciento de aumento de ABL, no vas a tener problema en darme una moneda para poder tomarme una cerveza y olvidarme que en los próximos cuatro años nos va a gobernar el hijo de mil puta de Mauricio.
Gollll, no se como fue que termine dándole un billete de dos pesos. Y para rematarla y tratándolo como un par, (la cuarta y ultima boludez)- estamos jodidos-
Agarro la guita la junto con otra que tenia en los bolsillos, la contó, y mientras se iba sobre el hombro me retruco mientras se perdía en el parque ya alumbrado por las luces artificiales, - rejodido, no tengo envase-